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ENTREVISTA A MARCEL CODERCH

Marcel Coderch es doctor en Ingeniería Eléctrica e Informática por el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT). Actualmente es miembro del Consell Assessor per al Desenvolupament Sostenible de la Generalitat de Catalunya, secretario de la Asociación para el Estudio de Recursos Energéticos y vicepresidente de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones. Es analista del Real Instituto Elcano, miembro del capítulo catalán del Club de Roma y participa en diversas organizaciones no gubernamentales en defensa de los valores ecológicos y medioambientales. Escribe con frecuencia en revistas y diarios sobre política energética y acaba de publicar "El espejismo nuclear" (Los libros del lince) en el que renueva la crítica antinuclear y en la que informa al público no especializado que la energía nuclear no es la solución, sino parte del problema.

¿Cómo surgió la idea del libro?

Surgió a raíz de un artículo aparecido en el diario The Guardian en el año 2004, en el que se decía que el primer ministro británico, Tony Blair, estaba recibiendo muchas presiones de la administración norteamericana para reactivar el tema de la energía nuclear.

¿Y qué proponía?

Que en todas sus manifestaciones, los parlamentarios dejaran abierta la posibilidad de reabrir el tema de la energía nuclear, lo que me llevó a recoger todas las noticias aparecidas sobre este tema durante los tres o cuatro años siguientes, así como recopilar información de lo que había sucedido durante los años 70.

¿Qué sucedió en los años 70?

El caso más significativo fue el accidente nuclear de Three Mile Island, en 1979. Este suceso, junto a la certeza que la energía del petróleo estaba en sus límites, me hizo plantear la posibilidad de escribir algo al respecto. Sobre todo, porque el mundo se está preguntando cuáles son las alternativas al petróleo.

¿Y cuáles son las alternativas?

Un grupo de personas decidimos estudiar las opciones que existen para sustituir a la energía del petróleo. A mí me tocó la energía nuclear, que es la más impopular. Me tocó bailar con la más fea, por así decirlo.

¿Por qué en los años 70 la energía nuclear quedó en suspenso?

Eso es algo que deberían preguntarse los que ahora quieren reactivarla. Si las razones por las que se detuvo la construcción de centrales sigue vigente ¿Por qué hay qué volver a construirlas? Los pronucleares afirman que el rechazo fue por presiones de los ecologistas, sobre todo después de los accidentes de Three Mile Island y de Chernobyl. Sin embargo esa no es la razón.

¿No?

No. Sí que es cierto que hubo muchos movimientos antinucleares en los años 80, pero lo cierto es que se detuvo la construcción de nucleares hacia 1973, seis años antes del accidente de Three Mile Island.

En 1973 es cuando empieza la llamada "crisis del petróleo".

Exacto, esa fue la causa de la crisis de las nucleares. La crisis del petróleo produjo un descenso notable de la demanda energética. Todas las previsiones de crecimiento que se habían hecho (que justificaban una numerosa construcción de centrales) se hundieron. Para luchar contra la gran inflación que se produjo, los bancos centrales subieron las tasas de interés al 10 y al 12 por ciento. Eso produjo que la energía nuclear, que es económicamente muy intensiva, no resultara rentable. A partir de 1978 no se produjo ninguna comanda nueva de energía nuclear, y todas las realizadas después de 1973 se cancelaron.

Fue una cuestión estrictamente económica.

En España muchas compañías eléctricas, al subir los tipos de interés y al tener muchas deudas en dólares, acabaron arruinándose por el derrumbe de la peseta respecto al dólar. Cuando el PSOE llega al poder en 1982, asume una deuda de 700.000 millones de pesetas y adopta la moratoria nuclear para no asumir más riesgos económicos. El resultado es que hemos estado pagando esa deuda durante 25 años (en 2008 acabó el plazo) sin que se haya hecho ninguna inversión nueva, ni se haya producido un solo kilovatio de energía.

Y eso que desde 1997 el mercado energético esta liberalizado. Es decir, que cualquier empresa que quisiera podría construir una central nuclear.

¿Y por qué no lo hacen, teniendo en cuenta que existe una crisis energética?

Porque esperan a que el Estado dé la seguridad que, en caso de haber algún problema, pagará el total de las inversiones otra vez. De hecho, ninguna central se ha hecho en condiciones de libre mercado. O bien porque las compañías eléctricas dependen del Estado, o bien porque existe una regularización que asegura las inversiones. Ten en cuenta que una central nuclear es una inversión de 5.000 millones de euros a 40 años vista. Demasiada inversión para tanto tiempo.

Entonces la energía nuclear no parece económicamente rentable.

Las centrales nucleares son muy rentables económicamente, pero sólo cuando ya están amortizadas. Es lo que sucede con las centrales que tenemos ahora, que se construyeron hace veinte, veinticinco años, y ya están amortizadas, gracias a que el Estado pagó sus deudas. De hecho, ahora las centrales son máquinas de hacer dinero.

¿Qué diferencia hay entre las centrales nucleares antiguas y las llamadas centrales de nueva generación, como la que se está construyendo en Finlandia?

La construcción básica no ha cambiado. Una central nuclear no es más que una manera muy costosa de hervir agua. La fisión nuclear calienta el agua y esa agua pone en marcha la turbina. Eso sí, desde Three Mile Island las medidas de seguridad son mucho más rigurosas, aunque lo cierto es que nunca se llega al 100 por ciento de seguridad. Todo es cuestión de cuánto se invierte en seguridad.

¿Es muy costoso construir una central?

Es una inversión inmensa, no sólo económicamente, sino también en gasto de energía. El uranio que se saca de las minas tiene que refinarse y enriquecerse, lo que supone un gasto energético enorme. Una central nuclear cuesta cuatro o cinco años en construirse, pero necesita más de diez años para recuperar la energía que se gastó en construirse. Eso supone que tarda quince años, como mínimo, en empezar a dar beneficios energéticos. Decir que hay que construir centrales para tener energía hoy es un absurdo.

¿A qué se debe la dependencia tan grande de energía nuclear en Francia?

Francia es un caso atípico. Francia empezó a centrarse en la energía nuclear a partir de 1973, con la subida del precio del petróleo. Hay que tener en cuenta que el mercado no estaba liberalizado y que el programa civil y el programa militar estaban muy mezclados. Tanto los sindicatos como el gobierno de De Gaulle estaban de acuerdo con la energía nuclear. Además, se tenía la idea que después de la II Guerra Mundial Francia tenía que tener armamento nuclear propio. Hacían falta centrales que produjeran plutonio para construir bombas nucleares.

¿Y eso cómo nos afecta a nosotros?

La central nuclear de Vandellòs I formaba parte del programa militar francés. Todos los residuos de combustible nuclear de la central se enviaban a Francia, transportándolo bajo tierra y pasando por debajo de la Plaza Catalunya y la calle Aragón de Barcelona. Con ese combustible los franceses construían bombas nucleares.

¿Ya no es así?

Una vez acabó el programa nuclear, los franceses dijeron que ya no necesitaban ese combustible, pero cómo aquí no sabemos dónde guardarlo, lo seguimos enviando a Francia para que lo guarde como en una especie de alquiler. Pagamos diez millones de las antiguas pesetas al día para que Francia guarde los residuos nucleares de la central de Vandellòs. Por eso el gobierno pretende construir un almacén nuclear aquí para guardar los residuos.

De todos modos, Francia exporta mucha energía eléctrica y muy barata.

Eso es un mito. Uno de los problemas de la energía nuclear es que no puede regularse, tiene que trabajar de forma continua. Sin embargo, la demanda de energía eléctrica no siempre es la misma, tiene subidas y bajadas dependiendo de la hora del día o de la estación del año. Eso provoca que Francia tenga una gran cantidad de energía que le sobra, y antes que tirar esa energía prefiere venderla al precio que sea. Por eso es barata. Sin embargo, debido a la gran cantidad de nucleares que hay, la mayoría de calefacciones de Francia son eléctricas, lo que supone un gran gasto eléctrico. De hecho, durante estos días de intenso frío, no ha habido energía eléctrica suficiente para cubrir el gasto en calefacciones, por lo que ha tenido que importar energía eléctrica de Alemania.

Una gran contradicción.

Una contradicción total. Además, en verano, debido al calor, no pueden refrigerar todas las centrales nucleares que tienen porque no hay suficiente agua, por lo que tienen que detener una parte importante de ellas. El resultado es que importan energía de gas natural de Italia.

Sin embargo, muchos postulan que la energía nuclear solucionaría la emisión de CO2 a la atmósfera y los problemas del cambio climático.

Absolutamente falso. Para cubrir el gasto energético actual haría falta construir cinco mil centrales en los próximos 40 años, lo que supone la construcción de dos centrales nucleares por semana. Es un gasto insostenible. Además, la reducción de CO2 en la atmósfera sería mínima, porque la mayor parte de ese CO2 procede del transporte. Si duplicáramos el número de centrales en los próximos 25 o 30 años, sólo reduciríamos un 6 o 7 por ciento del CO2. Creo que hay formas más baratas y menos arriesgadas para conseguir esa reducción. Y más teniendo en cuenta que la única manera de construir centrales es que el estado avala su financiación, por lo que todos asumimos ese riesgo.

¿Tendríamos entonces que poder decidir?

Exacto. Si lo avala el estado lo avalamos todos, por lo que tendría que preguntarse a los ciudadanos su opinión y poner las opciones energéticas sobre la mesa.

De todos modos, sí que es cierto que las centrales nucleares, allí donde están, invierten en los presupuestos de los municipios que ocupan.

Lo que está claro es que las centrales nucleares nunca se instalarán cerca de grandes ciudades, porque si surgiera algún problema la incidencia sobre la población sería mayor. El terreno para instalar una nuclear tiene que tener una serie de características. Primero, que exista agua para refrigerarla, o sea cerca de ríos o en la costa. Y segundo, instalarla en un sitio donde haya poca gente y donde no exista una oposición social. Una forma de reducir esa oposición es instalarla en zonas deprimidas en las que la central consiga crear puestos de trabajo. Ahora todos los alcaldes de Vandellòs que ha habido han trabajado en la central, y la central ha invertido en las infraestructuras del pueblo. Es una compra de voluntades. El problema es que conviertes a esa zona en absolutamente dependiente de la central, sin otras industrias alternativas que generen otros puestos de trabajo. No es fácil que una central nuclear atraiga otras industrias, sino todo lo contrario.

¿Y el tema de los residuos?

Ese es otro tema, porque hace cincuenta años que acumulamos los residuos sin saber qué hacer con ellos. La solución es ofrecer doce millones de euros al ayuntamiento que los guarde. Con ese dinero en el presupuesto municipal solucionas la vida del pueblo entero. Es una pura compra de voluntades.

Aunque esos residuos son peligrosos.

Son muy peligrosos, y lo serán durante los próximos 500.000 años. Hay que tener en cuenta la perspectiva. Es posible que dentro de 500.000 años la especie humana ya no exista, lo que nos da una idea del tiempo que es.

fon de informació Revista la Eco www.laeco.net

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